Dicho esto, echemos un ojo a la clasificación. El Villarreal se encuentra 8º con 14 puntos. 9 partidos jugados. 4 victorias, 2 empates y 3 derrotas (aunque más que derrotas, fueron victorias morales vista la imagen del equipo en los 3 partidos). 13 goles a favor (7º equipo en anotación) y 9 en contra (5º menos goleado). Así, sin mirar más allá, podría parecer un inicio de temporada pasable sin más, ni fu ni fa, discreto teniendo en cuenta a lo que el equipo nos tiene acostumbrados estos años atrás. Sin embargo, detrás de estas estadísticas hay mucho más.
En Sevilla, lo mismo. 88 minutos de dominio, de gran trabajo tanto defensivo como en la elaboración de jugadas. El conjunto local, en dos acciones precedidas de errores evitables, acabó poniéndose por delante y llevándose los 3 puntos. 3 puntos no merecidos, pero suyos al fin y al cabo.
Es cierto que, atendiendo a los puntos en Liga, el inicio de temporada del Villarreal no ha sido el mejor. Sobre todo, comparándolo con el del año pasado. Aquel fue un inicio completamente inesperado. Pero hay que saber mirar más allá de los puntos. Este año, el Villarreal es mejor a domicilio de lo que lo era en la campaña pasada. Ha aprendido a sufrir, a defender marcadores favorables, a remontarlos (un 0-2 en contra no sé hasta qué punto seríamos capaces de remontarlo el año pasado). Se ha impuesto en Balaídos, un campo en el que nunca había logrado ganar, ante un Celta que es una de las revelaciones de la Liga. Contratando jugadores de poco renombre (Espinosa), incorporando alguno que tenía cedido (Gerard Moreno) y apostando por otros que prácticamente estaban desahuciados (Jonathan dos Santos, Víctor Ruíz y Denis Cheryshev), el Villarreal ha formado una de las plantillas más completas que ha tenido en los últimos años. Hace falta mirar muchas temporadas atrás para encontrar un equipo más compensado, con más variantes y mejor equilibrado que este. En este Villarreal no hay suplentes. Las rotaciones afectan a todos por igual, se llamen Moi Gómez, Gio dos Santos o Manu Trigueros.
El Villarreal de la 2014-2015 es, en definitiva, un pedazo de equipo. Un conjunto que planta cara en todos los campos a los que viaja, capaz de adaptar su juego y no ahogarse en el toque. Un equipo vertical cuando tiene que serlo, sólido atrás, creador, mordedor... Un Villarreal mejor de lo que esperaba.
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